Sunny War, edita su nuevo disco, “Armageddon In A Summer Dress”. Un paso de lo acústico a lo eléctrico que, como siempre, tiene sus riesgos. El trabajo ha sido producido por Andrija Tokic (como su anterior “Anarchy Gospel”). En él, los músicos participantes son ella misma (guitarra, banjo, voz), Megan Coleman (batería), Jack Lawrence (bajo), Jo Schornikow (teclados), John James Tourville (pedal Steel) y Kyshona Armstrong (coros). Además, varias colaboraciones. Steve Ignorant en “Walking Contradiction”; Valerie June en “Cry Baby”, Tré Burt en “Scornful Heart”, y John Doe en “Gone Again”. Edita el disco New West Records.
Escucha “Armageddon In A Summer Dress” de Sunny War aquí:
Sunny War, también conocida como Sydney Ward, encontró inspiración para este álbum mientras vivía en la casa de 100 años de su difunto padre en Chattanooga, Tennessee. Al principio pensó que la casa estaba embrujada. Sonidos y visiones espeluznantes la llevaron a escribir la canción «Ghosts». Sin embargo, más tarde descubrió que las alucinaciones eran causadas por fugas de gas, lo que cambió su comprensión de esas experiencias, pero no su enfoque artístico. “Armageddon In A Summer Dress” explora temas de memoria, pérdida y los fantasmas de seres pasados.
Después del éxito de “Anarchist Gospel” (2023), Sunny pasó mucho tiempo girando con artistas como Bonnie Raitt y Mitski. Para evitar recaer en luchas pasadas con el alcohol, canalizó su energía hacia la música, creando demos intrincadas y experimentando con el sonido. Este proceso implicó pasar de la guitarra acústica a la eléctrica, con el objetivo de lograr un sonido de banda más completo.
“Armageddon in a Summer Dress” sirve como una reflexión sobre la identidad y las elecciones, equilibrando temas pesados con el empoderamiento. Sunny War alienta a los oyentes a vivir auténticamente y resistir las presiones sociales. Comprometida con el crecimiento continuo, ve cada actuación y canción como una oportunidad para la exploración. A través de su música, Sunny War captura las complejidades de la vida, la pérdida y el poder transformador de la creatividad.
El tema que abre el álbum, “One Way Train”, nos desconcierta bastante. Comienza como una pieza casi acústica antes de desembocar en un torrente de sonidos casi new wave. ¿Sunny War meets Blondie? No es tan descabellado, pues sus inicios fueron en el punk rock. La letra está llena de empoderamiento. Estamos en un mundo que no nos va a regalar nada, así que es normal estar llenos de rabia. Los teclados de Jo Schornikow (esposa y colaboradora habitual de Phosphorescent) acaban de redondear la canción. Es Jo clave en el sonido del disco, como podemos comprobar en “Bad Times”. Aquí las guitarras se funden con el órgano para crear un sonido que se acerca por momentos a un himno lisérgico de finales de los 60.
“Rise” suena como lo más pop que haya hecho nunca, aunque con un toque muy personal. Mientras, “Ghost” se acerca más a su sónido clásico, con unas guitarras que se arrastran en una especie de blues de los pantanos mientras que el riff de órgano de Schornikow llena de misterio el ambiente. Uno de los grandes logros del disco.
Sunny War siempre ha dicho que Crass era una de sus bandas favoritas de todos los tiempos. «Walking Contradiction» paga su deuda al invitar a su cantante, Steve Ignorant, a cantar contra el capitalismo. “Toda la comida que compramos crece en la tierra, pero no podemos cultivar la nuestra porque tenemos que ir a trabajar” es una de sus estrofas. Después de algo tan anarco-punk se agradece la calma de «Cry Baby», con la colaboración de Valerie June. Una canción que por momentos me recuerda, aunque parezca un disparate, al sonido de Gainsbourg.
Después de la empoderadora “No One Calls Me Baby” llega “Scornful Heart”, donde pesa el sonido de Tre Burt, lo que desemboca en una de las canciones más tradicionales del disco. En “Gone Again” aparece John Doe para cantar una historia acerca de un matrimonio sin amor que sacrifica la vida propia para tener hijos con carreras exitosas. Puro american way of life. Algo que también podemos ver en “Lay Your Body”, aunque en este caso tenemos un blues melancólico donde el narrador se lamenta de haber seguido siempre las reglas. “Debbie Downer” cierra el disco con un ritmo que parece explorar sonidos africanos, un poco en la línea del fallido último disco de Allison Russell.
Después de la sorpresa de la primera escucha, donde encontramos a una Sunny War demasiado cambiada, las sucesivas escuchas nos permiten conocer mejor cuáles son sus intenciones y apreciar el disco en su totalidad. Es un ambicioso salto al vacío, con sus aciertos y sus errores. Otra muestra más del enorme número de artistas femeninas racializadas que están editando muchas de las obras más ambiciosas y significativas en el panorama de música de raíces americana.