Axel Rudi Pell volvió a Barcelona para presentar su nuevo trabajo «Risen Symbol» y dejar un buen puñado de clásicos de su repertorio.
Cuando te paras a pensar en todos los nombres que el heavy de los ochenta llegó a dar y ves cómo el filtro del tiempo ha ido trabajando, puedes llegar a tener cierto acceso de tristeza. En realidad es solo una consecuencia de aquella máxima de “Solo los más fuertes sobreviven”. Solo que en el mundo de la música eso de ser fuerte puede venir por varios frentes. Uno de ellos es la constancia y el trabajo continuo sin importar modas. Y aquí es donde Axel Rudi Pell encaja como un guante. Con veintidós discos a sus espaldas, además de los numerosos directos y recopilatorios, el guitarrista teutón se ha mantenido fiel a una manera de trabajar y siempre ha tratado de mantener en nómina a los mismos músicos.
Aunque su radio de movimiento con las giras siempre ha sido bastante pequeño, la presentación de su nuevo disco ha sido una excusa perfecta para que el guitarrista volviera a Barcelona. Su última visita dentro del cartel del Rock Fest de 2018 a muchos les supo a poco. Por eso, esta gira por salas era una cita ineludible para sus fans, que se reunieron en la mediana de Razzmatazz. Y en el cartel acompañando, los valencianos Jolly Joker tenían como complicada misión sacar el frío del cuerpo al público.
Las posibilidades de que te hayas cruzado con ellos en algún escenario son tan grandes como las ganas que la banda sale al escenario. Son unos currantes de la carretera y eso se nota en cada una de sus actuaciones. Con un estilo que bebe sin esconderlo del sleazy más clásico, Jolly Joker mostró sus cartas desde la descarga inicial de “Sky is So High”, “Shotgun” y “I am Rock and Roll”. El combo formado por Lazy Lane a la voz, Jannick (guitarras), Andy Siegl (bajo) y Danielle Franucci (batería) no malgastaron ninguno de los segundos que estuvieron sobre el escenario.
Dieron buena cuenta de su último disco haciendo sonar hasta cinco temas. Los siguientes en sonar fueron “Enough” y “My Little Cadillac”, aumentando las ganas de fiesta. Remataron su actuación con “World Collapse” y “Rockin’ in Stereo” dejando claro que quizás su estilo no tenga mucho que ver con el de Axel Rudi Pell, pero te aseguran diversión y buenas canciones. Si veis su nombre en algún local cercano, dejaros llevar por su propuesta.
Turno ahora para el virtuoso alemán. Mi aproximación a su música vino de la mano de uno de mis vocalistas favoritos, Jeff Scott Soto, y durante algún tiempo seguí su obra más o menos. Pero teniendo tanto donde escoger, poco a poco los discos de Axel Rudi Pell fueron dejando paso a otros artistas. Así que este reencuentro suponía una incógnita para mí. Me alegró saber que a las voces continuaba Johnny Gioeli y que en la batería podría disfrutar de uno de esos nombres clásicos. Todo un Bobby Rondinelli que sigue marcando el ritmo con fuerza y precisión. Completaban la banda su viejo amigo al bajo Volker Krawczak y Ferdy Doernberg en los teclados.
Con un fondo de tormenta y una voz en off, dieron inicio al concierto. La entrada en tromba de Gioeli se llevó las miradas, pero la ovación cerrada fue para el delgado guitarrista. Arrancaron el concierto con una de las nuevas creaciones “Forever Strong” de su reciente “Risen Symbol”. Y ya dejaron claro, sobre todo Gioeli, que habían venido a hacernos disfrutar. El cantante derrocha carisma y sabe cómo crear vínculos con el público. Durante “Wildest Dreams” cogió en brazos a una niña de la primera fila para que viviera la experiencia del escenario en primera persona. Pequeños detalles que hacen que sin conocerlo de nada, te caiga bien.
Pero esa complicidad no fue solo con el público. Su continua interacción con el resto de los miembros de la banda le añadía un punto extra de atención. No dudaron en soltar la caballería de buen principio con dos temas como “Strong as a Rock” y “Voodoo Nights”. Pero tras cuatro temas a un nivel tan alto era necesario un pequeño descanso. Sobre las tablas quedaron Doernberg y Gioeli para defender un emotivo “Don’t Say Goodbye” donde el cantante mostró sus dotes plenamente. Y aquí llegamos a una prescindible versión de “Hallelujah” de Leonard Cohen en la que Gioeli bajó a cantar al foso. Un tema que habría que empezar a plantearse vetar su interpretación. Por suerte el nivel volvió a subir con “Oceans Of Time” y “Mystica”. En esta ocasión fue Axel quien incluso hizo una incursión entre el público para saludar mientras ejecutaba su solo.
En la lista de clichés del directo no fallaron los solos de batería y teclado. Entiendo que su función es darle descanso al resto de músicos y dar protagonismo, pero sigo creyendo que debería de dejarse y más cuando es para cortar un tema como “Mystica”. Eso sí, Rondinelli demostró que su golpeo sigue siendo tan poderoso como en los ochenta. Entre su solo y el de Doernberg hubo tiempo de escuchar otra de las nuevas canciones “Darkest Hour” y el su clásico “Carousel”. Tras el solo de teclado, turno para “The Line” otro de esos temas enormes de Axel Rudi Pell y favorito de Gioeli como confesó sobre el escenario. Alguno de esos clásicos se quedó al margen en pro de una versión de “Beautiful Day” de U2. ¿En serio no hay mejores temas en su discografía o versiones que ofrecer que un tema de los irlandeses?
Pues la respuesta vino con el medley final en el que Axel Rudi Pell nos trajo fragmentos de “The Masquerade Ball”, “Casbah” y “Ankhaia”. Acaso no hubiera sido mejor escuchar cualquiera de las tres (o las 3) íntegras que unas versiones (una demasiado manida y la otra desubicada). O interpretar “Fool Fool” en vez de simular un apagón y cortarla en la primera estrofa. Un truco de directo que no acabé de entender para qué se hizo. ¿Para dejar con la miel en los labios a los seguidores? No tiene ningún sentido… Al menos terminaron por todo lo alto con “Rock The Nation”.
Si no nos ponemos muy quisquillosos, lo cierto es que fue un buen concierto mejorable en los detalles comentados. Seguramente quien es seguidor de Axel Rudi Pell ni se los tendrá en cuenta, pero es una pena que con cuatro cosas que se cambien el show podría haberse quedado un poquito más en la retina y en la memoria. Sobre todo teniendo en cuenta que el músico no suele prodigarse por esas tierras.
Fotos: David Holgado