No parece que Kamasi Washington esté dispuesto a que cada nuevo paso en su obra que dé sea en falso. Lo dejó muy claro en Barcelona defendiendo su «Fearless Movement» casi en su totalidad.
Tras la cancelación del concierto por problemas de espalda en octubre, Kamasi Washington puso fin al Festival de Jazz de Barcelona 2024. El cartel de entradas agotadas en una sala como Razzmatazz es de por sí prueba suficiente para darse cuenta del interés que el compositor californiano despierta. El heterogéneo público asistente servía para romper de un vistazo muchos de los clichés antediluvianos que se le atribuyen al jazz. Con una media de edad bastante más joven que en muchos de los conciertos de rock, se mezclaban puristas con aprendices de influencer con ganas de contar en el trabajo al día siguiente que ha visto a una de las figuras emergentes en el jazz actual más importantes de la actualidad.
Sea como fuere, bienvenido sea esa renovación generacional mientras siga habiendo buena música en vivo. Quizás consciente de eso, los teloneros escogidos fueron 15 15, banda francesa que navega entre el R & B, el urban y la música electrónica. Los cuatro miembros ocuparon un pequeño rincón del escenario para mostrar durante cuarenta y cinco minutos su propuesta. Sus armonías vocales que conviven en un entorno próximo al drum & bass supieron captar la atención del público más joven. Para el resto simplemente fue un aperitivo prescindible a cumplir antes del plato principal.
El banda formada por su progenitor Rickey Washington a la flauta y saxo soprano, su pareja Patrice Quinn a las voces, Ryan Porter al trombón, Cameron Graves a los teclados,Tony Austin a la batería, Joshua Crumbly al bajo eléctrico y DJ Battlecat comenzó a tomar posiciones. El último lugar para el protagonista de la noche llevando su extensión musical en la mano. Un saxo tenor que compartiría protagonismo a lo largo del concierto con el teclado que Kamasi Washington tenía a su disposición. Podría culpar a las expectativas, pero en cuanto el músico ondeó el capote rojo de “Lesanu” muchos entramos al trapo desde el primer minuto. Comenzaba aquí el viaje a través de “Fearless Movement” del que sonaron hasta seis cortes de los ocho que constó el concierto.
La banda sonó ajustada con la precisión de un reloj suizo y bastante bien para ser una sala como Razzmatazz. Está claro quién es el centro de las miradas, pero Kamasi Washington no tiene problemas para dejar que cada uno de sus compañeros tenga su espacio para lucirse. Su carácter relajado cuando cesaba la música no dejó con divertidas presentaciones. Como la de “Asha the First” dónde nos recordó que la inspiración para ese tema provenía de escuchar a su hija de cuatro años “tocar” el piano a las siete todos los días. Hasta que una de esas mañanas la pequeña dió con las teclas que despertaron su curiosidad para usarlas como base para el tema.
Con “Lines in The Sand” fueron la dulce voz de Patrice Queen y la flauta de Rickey Washington las que se llevaron el protagonismo. Mientras tanto en el público podías ver cierta comunión a dejarse llevar por la música. Ojos cerrados y degustando cada una de las notas como si un delicioso bocado fuera. Pasamos al momento raro de la noche que nos puso de nuevo los pies en el suelo. Por mucho que Kamasi avisara que era algo que no solía hacer, cuando has pagado una entrada por ver a un músico y en su set deja que el DJ pinche uno de tus temas se te queda cara rara. Si, lo disfrutas. Puedes ver que pinchar tiene cierto arte y que DJ Battlecat sabe como hacerlo. Pero habría sido mejor escuchar un tema como “Get Lit” en vivo.
Fue ese el momento en que el souffle bajó sacando del trance a más de uno. El siguiente tema tampoco ayudó a devolverlo al nivel en el que estaba. Kamasi es aficionado a los videojuegos y rindió homenaje a dos de sus favoritos con un medley inspirado en Street Fighter y The Legend of Zelda. Algo que para quienes hemos pasado horas frente a una pantalla con ellos nos hizo sumar, pero que dejó indiferentes a muchos otros. Por suerte la recta final del concierto volvió a subir los enteros. Tras agradecer Kamasi a Cole Porter que su composición romántica “Together” fuera causa y efecto para la concepción de su hija, los músicos arrancaron el tema. Porter tuvo un protagonismo que supo a poco en el global del show, brillando en sobremanera mientras las notas de su trombón nos invitaban a volar con los pies.
Con su particular visión sobre la obra de Astor Piazzolla, Kamasi Washington puso punto y seguido al concierto. Su versión del tango “Prologue” resultó tan fresca y rabiosa como innovadora. Un final de concierto que puso las cosas en su sitio, cerrando con la misma intensidad con la que había comenzado. Para evidencia la tremenda ovación que se llevaron los músicos mientras abandonaban el escenario. Aún hubo tiempo del único recuerdo a su gran obra “The Epic” del que hizo sonar “Re Run”. Un tema que dejó la sensación de que el concierto hubiera podido haber sido aún mucho más de haber dedicado algo de espacio extra tanto a este como a “Heaven and Earth”.
Kamasi Washington tiene la virtud de haber sabido recoger cada uno de los frutos que los clásicos han ido dejando y darles una visión más fresca y actual. Algo que, para muchos significa una excelente puerta de entrada al mundo del jazz desde el que adentrarse a un género y comenzar a recorrer su historia. Acaso no resulta excitante la sensación de descubrir nombres como Davis, Coltrane, Baker, Ellington… Un buen concierto que podría haber sido mejor de haber cambiado un par de detalles de repertorio y su ubicación por algo más solemne. Pero que te deja con la misma placentera sensación de haber saboreado una doble ración de tu postre favorito en buena compañía. Las ganas de repetir donde sea sin importar el mal tiempo que haga.
Fotos: Sergio Leiva